¿Qué tenemos en común Darth Vader y yo? Crónica de cómo dejé de sabotear mi apnea del sueño
Hay algo profundamente humano en que te diagnostiquen una apnea del sueño… y tú decidas que no, que el problema es otro. Eso también me lo recordaron en la terapia cognitivo-conductual de la consulta de neurofisiología.
Estrés o ansiedad.
Algún cable que se ha soltado en mi cabeza.
El universo.
La alineación de los planetas.
Cualquier cosa antes que aceptar que dejas de respirar varias veces por noche.
Pero vayamos por partes.
💸 Primer round!!! 75 euros el fin de semana para sentirme atrapado
Hace dos años, después de mi tercera polisomnografía y mi primer tratamiento farmacológico en el Centro de Neurología Avanzada, el resultado apuntaba a apnea.
Yo, por supuesto, pensé:
“Bueno, sí, pero seguro que lo importante es el insomnio, no esto.”
Porque aceptar la apnea implicaba aceptar una palabra que suena a electrodoméstico industrial: CPAP.
La probé.
Mascarilla nasal.
Boca libre.
75 euros el fin de semana. Hoy día con la inflación tiene que estar más caro.
Una ganga para descubrir que no concebía dormir conectado a algo que parecía una mezcla entre snorkel y ventilador portátil.
Duré dos días. No completé una noche entera. Me agobié. Me la quitaba a mitad de madrugada como quien se quita los calcetines de la mañana de la calor que tiene con tres mantas. Y decidí que claramente la apnea no era el problema principal.
Fin del experimento.
🏥 Segundo round!!! La sanidad pública y el giro inesperado
El año pasado recaí fuerte en el insomnio. Ansiedad disparada. Descanso inexistente.
Fui al neurólogo por la sanidad pública y comenté la posibilidad de apnea.
La doctora revisó un estudio de hacía cuatro años en el mismo hospital: nada relevante. Caso cerrado.
Pero yo mencioné que tenía un estudio privado más reciente donde sí aparecía apnea.
Cambio de guion.
De repente:
Derivación a neumología.
Derivación a neurofisiología.
Intentos desde atención primaria para incluirme en una terapia cognitivo-conductual del sueño pionera.
Curioso cómo un papel cambia la narrativa clínica.
📡 La CPAP 2.0: ahora con vigilancia remota
La neumóloga fue directa: CPAP otra vez.
Mascarilla nasal.
Conexión a un centro de datos.
Monitorización nocturna.
Es decir, ya no solo no respiraba bien, sino que además alguien lo sabía.
Cada mañana mis estadísticas viajaban a algún servidor donde probablemente un gráfico mostraba lo poco que la estaba usando.
Duré cuatro días.
A mitad de la madrugada me la quitaba.
No concebía pasar ocho horas conectado a una máquina que sopla aire como si estuviera inflando un flotador invisible dentro de tu nariz.
La guardé.
Y entonces sonó el teléfono:
—“Hola, hemos visto que ha usado poco la máquina. ¿Ha pasado algo?”
Nada como la supervisión digital para hacerte sentir observado incluso mientras fracasas durmiendo.
La entregué.
Huida número dos.
💊 La trazodona (pero esa historia merece capítulo propio)
La neumóloga sugirió trazodona: antidepresivo con efecto hipnótico, de los más tolerables, para facilitar la adaptación a la CPAP.
Cuando empiezas a necesitar medicación para adaptarte a una máquina que necesitas para dormir, empiezas a cuestionar varias capas de tu existencia.
Pero eso lo contaré en otro episodio.
🔁 Tercer round!!! ansiedad, baja laboral y aceptación tardía
Tras una baja por el aumento de la ansiedad y el deterioro del descanso, pedí otra oportunidad.
Volví a neumología.
Esta vez la doctora fue clara:
“No se usa tres días y se abandona. Hay personas que necesitan semanas o meses.”
Tercera oportunidad. Tres meses de margen.
Pero ahora había una novedad.
La nueva mascarilla ya no era nasal. Era completa. Nariz y boca.
Le comenté que el cornete izquierdo se me obstruye por la noche, así que la solución fue convertir mi cara en una versión doméstica de Darth Vader. Así me llama mi hijo ahora.
Si alguna vez he querido saber qué se siente al dormir como el villano más icónico del cine… ahora lo sé. Además hago hasta un ruido parecido. Si no fuera por el tubo y que necesita enchufarla a la red, la usaría como disfraz para el carnaval.
Respiras fuerte. No suena demasiado. Darth Vader lo hace más exagerado.
🗄️ Cuarto round!!! Fase lógica… dejarla un mes en la estantería
Porque cuando te dan una tercera oportunidad, lo coherente es dejar la máquina aparcada un mes en la última balda de la casa.
Hasta que en terapia de neurofisiología —grupo de sueño, personas reales intentando mejorar— recibes una bronca elegante pero firme.
Y algo hace clic. Como si se tratara de Rocky tras el último puñetazo que recibe de Apollo Creed. De repente, me levanto, y digo “aquí estoy yo”
🌙 Dos noches (y algo nuevo)
Esta semana volví a usarla.
Sin épica. Sin promesas grandilocuentes.
Simplemente empezar desde la primera hora de la noche. Con uno o dos despertares.
Levantándome entre 5:30 y 5:50.
Sí. También sábado y domingo. Porque el horario es el horario.
Y aquí viene lo interesante.
He notado cosas:
🚫 Menos visitas nocturnas al baño
💧 Menos sudoración
🤕 Casi nada de dolor de cabeza matutino
Datos fisiológicos. No optimismo mágico.
Y el último día ocurrió algo maravilloso:
Mi mujer me despertó enfadada. No por mis vueltas. No por mi insomnio. Por el ruido de la alarma.
Y aunque estaba molesta, para mí fue un logro extraordinario. Porque significaba que yo seguía durmiendo. Con la CPAP puesta. Hasta el final.
🧠 La parte incómoda
Durante años defendí que mi problema principal era el insomnio.
Que la apnea era secundaria.
Que había factores más importantes.
Quizá los había. y Los hay.
Pero también había negación.
La CPAP no es cómoda. No es estética. No es romántica. Pero es tratamiento basado en evidencia para una alteración respiratoria real. Y la evidencia no negocia con nuestro orgullo y nos jode buena parte del metabolismo.
🚀 Conclusión provisional (porque esto no es una historia cerrada)
Tres intentos en cuatro años.
Abandonos.
Excusas sofisticadas.
Monitorización que me pilló in fraganti.
Y ahora, por primera vez, cierta tolerancia.
No sé si será definitivo.
Pero por primera vez no siento que esté luchando contra la máquina.
Siento que estoy aceptando que quizá necesitaba esto más de lo que quería reconocer.
Y si el precio es parecer Darth Vader en versión doméstica…
Que la fuerza respiratoria me acompañe.