Este blog viene con receta terapeútica

No, no me he vuelto escritor de golpe;
Ni influencer emocional;
Ni gurú del insomnio ilustrado.

Este blog existe porque mi terapeuta, en uno de esos momentos en los que te mira como si ya supiera la respuesta antes de que tú termines la frase, me dijo algo así como:

— Escribe. Aunque no sepas qué. Aunque no tenga sentido. Saca lo que llevas dentro.

Yo asentí con cara responsable, como quien promete empezar el gimnasio el lunes. Pero aquí estoy. Cumpliendo. Más o menos.

La idea es sencilla: tengo demasiadas cosas viviendo en mi cabeza como para dejarlas todas sin contrato de alquiler. Pensamientos nocturnos, recuerdos que aparecen a las tres de la mañana como notificaciones fantasma, facturas emocionales, preocupaciones premium y alguna que otra migraña que viene sin avisar, como visita sorpresa de familiar lejano.

Así que escribir se ha convertido en una especie de desatascador mental. No cura, pero drena. No arregla, pero ordena. Y a veces, solo a veces, hasta deja espacio para respirar.

Este blog no nace para dar lecciones, ni para vender fórmulas mágicas, ni tampoco para prometer que todo pasa (porque a veces no pasa, se transforma y ya).

Nace para contar; para poner palabras donde antes solo había ruido; para acompañar a quien, como yo, se despierta de madrugada con el cerebro haciendo after hours sin permiso.

Aquí se habla de insomnio, sí, de cuerpos que se rebelan, de cabezas que no apagan la luz cuando toca.

Pero también se habla de humor, porque si no nos reímos un poco, el caos se pone demasiado serio. Y el caos serio da más miedo que el caos con ironía.

Mi terapeuta dice que escribir ayuda a “sacar fuera”. Yo digo que ayuda a no implosionar hacia dentro.

Así que este es el primer ladrillo de esta granja mental que gestiono muchas noches cuando el mundo duerme y yo no. Si has llegado hasta aquí, quizás tú también tengas un cerebro con turno nocturno. Bienvenido.

No prometo soluciones. Prometo compañía y alguna que otra sonrisa torcida en mitad del desorden.

Porque a veces no necesitamos dormir mejor. Necesitamos saber que no estamos solos mientras no dormimos.

Nos leemos. 🌙

Anterior
Anterior

Mi primera terapia cognitivo conductual sobre sueño