El gran timo del cambio horario: cómo nos roban la salud por estirar la luz solar como un chicle
Descubre por qué el informe de la Sociedad Española del Sueño pide a gritos el horario de invierno fijo y por qué tu cuerpo odia que haya luz a las nueve de la noche.
El día que nos dieron el alta… y descubrimos que el insomnio también se educa
Última sesión de terapia del sueño: mejoras reales, menos drama nocturno y decisiones cuestionables sobre pastillas, máquinas y hábitos. Algo ha cambiado… pero no exactamente lo que esperábamos.
El club de las 00:30: conociéndonos mejor y disciplina aunque sea el fin del mundo
Cinco personas que no duermen igual de mal, una terapeuta con paciencia infinita y un vaso imaginario que hay que llenar desde las 8 de la mañana. Crónica real de una segunda sesión de terapia para el insomnio.
Primera semana con terapia: disciplina, nariz rebelde y lunes criminales
Siete días aplicando la terapia cognitivo-conductual: acostarme tarde a propósito, levantarme temprano sin ganas, registrar cada noche como si fuera un experimento… y descubrir que el sueño se entrena, aunque los lunes sigan siendo sospechosos habituales.
Cuando trasnochar “a propósito” es parte del tratamiento
Mi primer fin de semana aplicando realmente la ventana del sueño, aparte de algunos planes que la hicieron ser más llevadera ¿Cómo me sentó?
El arte de levantarse cuando no quieres
Cuando el insomnio monta guardia nocturna, quedarse en la cama no ayuda. Así funciona el control de estímulos y la ventana de sueño para domesticar tu ciclo circadiano sin magia ni infusiones milagro
Establece tu ventana de sueño: dormir menos para dormir mejor
Descubre la primera regla del control de estímulos para combatir el insomnio: limitar el tiempo en cama.
Mi primera terapia cognitivo conductual sobre sueño
Esta terapia promete comprensión, estructura y paciencia. Tres cosas que el insomnio suele robarte. Pero ahora sé algo importante: no es solo que no duerma, es cómo me relaciono con no dormir.
Este blog viene con receta terapeútica
Aquí se habla de insomnio, sí, de cuerpos que se rebelan, de cabezas que no apagan la luz cuando toca. Pero también se habla de humor, porque si no nos reímos un poco, el caos se pone demasiado serio. Y el caos serio da más miedo que el caos con ironía.