Cómo intentar dormir mientras parezco un router humano

Hay personas que para dormir necesitan silencio absoluto.
Otras necesitan oscuridad total.
Una noche de febrero, al parecer, necesité una pequeña instalación eléctrica conectada a mi cuerpo. Me tocó hacerme una polisomnografía, también conocida como estudio del sueño.

Esta vez fue en la clínica IENSA, donde me citaron para pasar la noche y comprobar cómo respira, duerme y se comporta mi cuerpo mientras intento hacer algo tan sencillo como… dormir.

Spoiler: cuando intentas dormir rodeado de cables, la palabra sencillo pierde bastante sentido.

¿Qué es exactamente una polisomnografía?

La polisomnografía es la prueba más completa que existe para estudiar el sueño.

Básicamente consiste en dormir en un centro médico mientras registran casi todo lo que hace tu cuerpo.

Entre otras cosas se monitoriza:

  • Actividad cerebral (EEG)

  • Movimientos oculares

  • Respiración

  • Ritmo cardíaco

  • Saturación de oxígeno

  • Posición corporal

  • Movimientos de piernas

  • Ronquidos

  • Flujo de aire nasal

Traducido a lenguaje humano:

Te convierten en un pequeño laboratorio ambulante durante una noche.

El momento en que empiezan a cablearte

Llegas al centro, te enseñan la habitación y te explican el proceso.

Luego empieza la parte divertida.

Te colocan sensores:

  • En la cabeza

  • En la cara

  • En el pecho

  • En las piernas

  • En el abdomen

Y cuando crees que ya han terminado, aparece otro cable más.

En ese momento uno empieza a sospechar que si te enchufan a la pared igual enciendes una bombilla.

Además te colocan unas bandas alrededor del pecho y el abdomen que sirven para medir el esfuerzo respiratorio.

Y ahí descubrí una cosa:

cuando te aprietan un poco la barriga…
la vejiga se vuelve mucho más consciente de su existencia.

La noche en que el escitalopram decidió colaborar

La casualidad quiso que ese día yo subiera la dosis de escitalopram.

Pasé de 5 mg a 7,5 mg.

Y no sé si fue la medicación, los cables o la presión abdominal, pero esa noche mi vejiga decidió que era buen momento para trabajar horas extra.

No recuerdo exactamente cuántas veces me levanté a mear.

Pero si el estudio hubiera sido sobre hidrología nocturna, los resultados habrían sido espectaculares.

La almohada de casa (porque ya hay suficientes dificultades)

Como uno ya tiene experiencia en esto, decidí llevarme mi almohada de casa.

Porque si vas a dormir:

  • Cableado

  • Observado

  • Con sensores en la cara

  • Con bandas en el abdomen

  • Y con una cámara grabándote

Lo mínimo es conservar algún elemento familiar.

En mi caso, la almohada.

Un pequeño gesto de resistencia psicológica.

La enfermera, los carnavales de Cádiz y las historias del turno de noche

La enfermera que estuvo esa noche era encantadora.

Mientras vigilaba los monitores, tenía puesta la televisión viendo Carnaval de Cádiz, lo cual añadía un cierto ambiente surrealista a la escena.

Imagínate:

  • Yo intentando dormir cableado

  • Un monitor lleno de ondas cerebrales

  • Y de fondo comparsas cantando, aunque nunca las oí

Durante la noche me contó algunas rareza simpáticas de pacientes (sin dar datos personales).

Una de mis favoritas fue esta:

Hubo un paciente que no podía dormir si no metía la ropa por debajo del colchón.

Literalmente.

Si la sábana no estaba perfectamente remetida por los lados…
su cerebro se negaba a iniciar el modo sueño.

Cada uno tiene sus rituales.

Los insomnes tenemos más.

El gran problema de los estudios del sueño

Después de cinco estudios del sueño he llegado a una conclusión bastante honesta:

no siempre reflejan exactamente cómo duermes en casa.

Porque puedes tener:

  • Una mala noche

  • Una noche rara

  • O simplemente el efecto “estoy en un sitio extraño”

Dormir en casa es una cosa.
Dormir en un laboratorio lleno de sensores es otra.

Aun así, la prueba da información muy valiosa.

El resultado: apnea moderada

En mi caso el estudio confirmó apnea moderada del sueño.

Especialmente en los despertares que aparecen durante el sueño REM.

Por eso la recomendación fue clara:

uso de CPAP.

Algo que ya estoy utilizando y que, combinado con la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, parece estar mejorando la situación.

Medicación sí, pero con cabeza

De momento sigo con tratamiento farmacológico, que iremos revisando dentro de unos tres meses.

Eso sí, con una norma bastante clara:

evitar benzodiacepinas.

Medicamentos como:

  • Diazepam

  • Lorazepam

  • Lormetazepam

relajan la musculatura.

Y en alguien con:

  • lengua gruesa

  • garganta estrecha

eso puede empeorar la parte respiratoria durante el sueño.

La importancia de la disciplina (aunque sea fin de semana)

Una de las cosas que más me han repetido tanto en la consulta como en la terapia es algo que suena muy aburrido…

pero funciona.

disciplina con los horarios.

  • Acostarse a la misma hora

  • Levantarse a la misma hora

  • Incluso fines de semana

No es lo más divertido del mundo.

Pero el cerebro es bastante conservador con los horarios.

Conclusión

Después de cinco estudios del sueño, he aprendido algo curioso.

Dormir no es solo cuestión de cerrar los ojos.

Es un equilibrio entre:

  • Respiración

  • Mente

  • Hábitos

  • Horarios

  • Y paciencia

Los estudios ayudan a entender lo que pasa.

Pero el trabajo real ocurre cada noche.

En tu cama.
Con tu cabeza.
Y con ese extraño diálogo interno que los insomnes conocemos tan bien.

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